Ir al contenido principal

¡Qué ingenio el del demonio!

En algunos momentos de la vida, nos ponemos a pensar si realmente nuestra vida vale la pena. Si seguir adelante, salir a la calle, seguir trabajando y moviéndonos por nuestros objetivos es algo que realmente lo valga. Por muchos momentos me he sentido así, sobre todo este año. Pero siempre escuché la frase "encontra una motivación"

Y la encontré.

Después de buscar por mucho tiempo, encontré cual es la motivación que logra que me levante por las mañanas con ganas de seguir, de moverme, de no entregarme al destino y que sea lo que tenga que ser. Mi vocación. Mis estudiantes. Mis pequeños, mis grandotes, mis todo. Verlos crecer, escuchar sus ocurrencias, volver por un momento a ser una niña y disfrutar de estar con ellos. Aunque por momentos me hagan renegar mucho, y me hagan enojar, son mis chiquitos, de todas las edades y tamaños.

No hay día que no reniegue de mi trabajo, o de las tareas que conlleva. Pero no desde un punto en el cuál diga "Quiero cambiar de trabajo", porque realmente no sé que haría si no estuviera frente a un aula.

Hace un tiempo un estudiante me preguntó que haría si no fuera docente, y no supe que responder. Más tarde, hablando con mi psicólogo, me comentó que cuando no tengo respuesta a esa pregunta, es porque estoy en el lugar correcto. Y es ahí donde me convencí que por más que reniegue, me enoje, me frustre, me canse, este trabajo, la docencia, el estar frente a un aula, compartir con niños, niñas y adolescentes, es el lugar donde siempre tuve que estar.


Y hubo una sola persona que lo supo antes que nadie. Mi papá.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un astronauta perdido en el espacio

Vale aclarar de antemano que el título de este escrito está netamente basado en mi canción favorita de todos los tiempos; la que me representa, la que siempre representó como me sentí ante esta vida: como un astronauta perdido en el espacio, sin nadie que me escuche, que me preste un poco de atención (tampoco ser el centro de mesa en la vida de nadie), pero siempre sentí que el mundo se había olvidado de mí. Hasta hoy. Volví a terapia. Por razones que todavía no siento sean necesarias de contar. Creo que con lo contado últimamente alcanza y sobra para que entiendan un poco (aunque faltan sucesos y contextos por aclarar). Me sentí normal otra vez. Me sentí bien. Me sentí tranquila. Volví a poder sacarme una mochila que no es mía, que no me pertenece cargar. Volví a tener mi espacio seguro donde desahogarme, donde decir lo que siento y lo que pienso sin miedo a ser juzgada o tratada como loca. Realmente siento que necesitaba un par de sesiones con mi psico. Capítulo aparte para este homb...

Las pesadillas no siempre están en los sueños.

Durante muchos años consideré que las malas experiencias que había tenido con hombres, se correspondían con que no eran las personas correctas para mí, o quizás las personalidades no eran compatibles. También he llegado a creer que no era lo suficientemente madura como para adentrarme en ciertas situaciones, al no saber manejar las consecuencias de las mismas, o bien, no saber como reaccionar ante algunos conflictos que desafiaban mi estabilidad. Por eso es que hoy, 17 de noviembre de 2024, ocho años y medio después aproximadamente, me siento con la capacidad y madurez de poder contar lo que me dio vueltas por mucho tiempo en la cabeza, y recién este año pude enfrentar. Para poner un poquito de contexto, vamos a empezar con los días previos. Fin de semana, salida con amigos a esos bares donde tocan bandas indie locales de amigos que vas a alentar como si fueran los Rolling Stones, porque tocan tus canciones favoritas con alguna que otra mal pronunciación del idioma, pero los perdonas p...

Octubre de... ¿terror?

 Todo parecía fantástico, pero el 4 de octubre mi vida pegaba un giro totalmente inesperado, jugado y que iba a desarmar todos los esquemas. Un test de embarazo positivo a la noche, un domingo. Todos sabemos lo que eso significa. Y desde el primer momento, entre las miradas con mi novio, el pucho que recién apagaba, el mate que se enfriaba, y las lágrimas que caían, supe que no era el momento. Las caras de ambos indicaban sorpresa, shock, y no sentí ningún entusiasmo. Por supuesto que ante cualquier situación y panorama, dejé de fumar, dejé la medicación para la ansiedad depresiva, y estuve una semana sin dormir, trabajando a menos de medio motor, llorando por las noches, vomitando a diario, no tolerando ni un vaso de agua. Obviamente que lo psicológico también jugó una buena parte en todo esto. Hasta que decidí acercarme al hospital porque no podía enderezarme del dolor en el bajo vientre. Mi sexto sentido me decía que algo iba mal. Porque no puede ser que apenas me entero de esta...