Ir al contenido principal

Octubre de... ¿terror?

 Todo parecía fantástico, pero el 4 de octubre mi vida pegaba un giro totalmente inesperado, jugado y que iba a desarmar todos los esquemas. Un test de embarazo positivo a la noche, un domingo. Todos sabemos lo que eso significa. Y desde el primer momento, entre las miradas con mi novio, el pucho que recién apagaba, el mate que se enfriaba, y las lágrimas que caían, supe que no era el momento. Las caras de ambos indicaban sorpresa, shock, y no sentí ningún entusiasmo. Por supuesto que ante cualquier situación y panorama, dejé de fumar, dejé la medicación para la ansiedad depresiva, y estuve una semana sin dormir, trabajando a menos de medio motor, llorando por las noches, vomitando a diario, no tolerando ni un vaso de agua. Obviamente que lo psicológico también jugó una buena parte en todo esto. Hasta que decidí acercarme al hospital porque no podía enderezarme del dolor en el bajo vientre. Mi sexto sentido me decía que algo iba mal. Porque no puede ser que apenas me entero de estar embarazada, pierdo toda la felicidad y empiezo a pensar en todos los panoramas peligrosos que podían pasarme. En la guardia ginecológica, me hicieron un tacto, una eco improvisada para corroborar que el dolor agudo y el pequeño sangrado no eran síntomas de un embarazo ectópico. Primer miedo desbloqueado. Confirmado que no, pero no se observaban EMBRIONES. Sí, en plural. Eran tres bolsas.

Esto pasó un jueves. El sábado me desperté con sangrado "normal" de menstruación, y entre los coágulos, surgió un coágulo rosado, raro, diferente. Resultó ser una de esas bolsas. Al otro día, la segunda. Pensé "Bueno, ahora ya está, lo que sigue es la hemorragia que me lleva con mi viejo". Ese mismo domingo a la noche me senté a hablar con Patricio, porque no aguantaba más, no me sentía bien, no sentía que este camino era uno bueno ni el indicado en este momento. Ambos decidimos que ir al consultorio ginecológico para saber que pasaba, era lo mejor. Después de ecografías, análisis de sangre, y otros estudios, la ginecóloga terminó confirmando que había una sola bolsa, con embrión, pero sin actividad. Lo que parecía un embarazo anembrionario al principio, ahora era un embarazo con un embrión sin actividad. Y por actividad me refiero a latidos, vida. Por ende el camino a tomar, era el de la interrupción del embarazo. Me senté con mi pareja, lo charlamos, y ambos decidimos continuar.

Después de 2 semanas, me dieron la medicación, con todas las indicaciones, y es ahí donde empieza el verdadero viaje.

Primer pastilla, a las diez de la mañana, y a las 48 horas, 4 pastillas sublinguales. Parecía sencillo, en la explicación de los síntomas lo que llegué a comprender fue "es una menstruación más fuerte, con chuchos de frío, y un poco de fiebre".

Hoy tomé las cuatro restantes. A la hora de haberlas ingerido de manera sublingual, empecé con vómitos continuos, diarrea aguda, dolores y calambres que jamás se me habían ocurrido pensar que podía sentir. Al mismo tiempo, me recuesto en la cama, y empiezo a temblar, demasiado, sin poder controlar los movimientos de mi cuerpo ni la respiración, no podía abrir los ojos. Mi novio trabajando, y mi mamá cuidandome y acompañandome, decide llamar a mi novio, para después llamar a la ambulancia y que me trasladen de urgencia al hospital porque perdía el conocimiento y hasta este momento, no recuerdo nada más que el calor del sol pegándome en la cara cuando salía de mi casa en camilla hasta la ambulancia. Fueron segundos, pero puedo asegurar que sentí en mi alma y en mi brazo, el acompañamiento de mi papá. La misma ambulancia que él manejaba, ahora manejada por un pibe con el que me crié, y que a su vez es hijo de dos prestigiosos médicos a los cuáles les confío mi vida bajo anestesia. En esa misma ambulancia, viajó mi mamá adelante, y la médica conmigo atrás, controlandome, calmandome y acompañandome como nunca imaginé.

Al llegar al hospital, me ponen un suero, un pañal, me realizan un tacto para ver si ya estaba dilatado el cervix, y así poder eliminar todo lo que se encontraba en el útero, y calculo que por los nervios y por la falta de conocimiento, además del miedo, mi cuerpo entero estaba contracturado, endurecido entero. Por lo tanto, me dieron sedante, calmante y todo un mix para que pueda relajarme, y permitir que el proceso suceda sin mayores riesgos.

A las tres horas, vuelvo a casa, me acuesto en la cama porque no podía más del sueño, y resulta ser que mientras dormía, expulsé todo. Absolutamente todo. Y pude ver el embrión, fuera de la bolsa, fuera de su lugar seguro. No me quedó otra que cambiarme la toallita, la cual (siendo nocturna simil pañal) estaba desbordada. Desde ese momento, que fue aproximadamente a las 19hs, hasta las 22, tuve sangrado continuo, casi que constante, y bastante para mi gusto. Por suerte, los dolores los controlé con Ketorolaco y no sufrí tanto después. Ahora sólo me espera la parte en la que lo emocional y las hormonas se vuelven a acomodar, controles médicos, métodos anticonceptivos, toda una locura de vida por delante, pero a la cuál estoy dispuesta porque quiero estar tranquila, mejorar, ser feliz, estar lista. Dejar que mi pareja también esté lista. Y así ambos, con amor, deseo y todos nuestros recursos disponibles, poder traer un hijo al mundo. Porque es lo que ambos queremos. Un hijo.


Lo raro de todo esto, es que ya habíamos elegido nombres y todo. Antonio si era varón, Maria Clara si era mujer. Increíble como la cabeza de uno va a mil por horas, adelantadísima, y terminó resultando que no había nada viable.


Lo bueno, es que no hay culpables, ni responsables por lo sucedido. Cuando se tiene eso en mente, se puede dormir en paz, como mi pareja y yo estamos durmiendo en estos momentos. (Bueno, yo ahora no, pero la mente la tengo tranquila, y mientras tanto, me fumo un pucho)



Sepanlo, milité el IVE, milito desde el feminismo toda la vida, pero cuando escuchen a alguien diciendo "se embarazan y abortan porque quieren", me lo mandan, le pasan mi contacto, y yo lo charlo desde primera persona.


Cambio y fuera. La teacher que tuvo el peor año de su vida, pero aún así, el lunes va a ir a trabajar al ámbito privado, porque está contenta de saber que sigue viva y respirando.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un astronauta perdido en el espacio

Vale aclarar de antemano que el título de este escrito está netamente basado en mi canción favorita de todos los tiempos; la que me representa, la que siempre representó como me sentí ante esta vida: como un astronauta perdido en el espacio, sin nadie que me escuche, que me preste un poco de atención (tampoco ser el centro de mesa en la vida de nadie), pero siempre sentí que el mundo se había olvidado de mí. Hasta hoy. Volví a terapia. Por razones que todavía no siento sean necesarias de contar. Creo que con lo contado últimamente alcanza y sobra para que entiendan un poco (aunque faltan sucesos y contextos por aclarar). Me sentí normal otra vez. Me sentí bien. Me sentí tranquila. Volví a poder sacarme una mochila que no es mía, que no me pertenece cargar. Volví a tener mi espacio seguro donde desahogarme, donde decir lo que siento y lo que pienso sin miedo a ser juzgada o tratada como loca. Realmente siento que necesitaba un par de sesiones con mi psico. Capítulo aparte para este homb...

Las pesadillas no siempre están en los sueños.

Durante muchos años consideré que las malas experiencias que había tenido con hombres, se correspondían con que no eran las personas correctas para mí, o quizás las personalidades no eran compatibles. También he llegado a creer que no era lo suficientemente madura como para adentrarme en ciertas situaciones, al no saber manejar las consecuencias de las mismas, o bien, no saber como reaccionar ante algunos conflictos que desafiaban mi estabilidad. Por eso es que hoy, 17 de noviembre de 2024, ocho años y medio después aproximadamente, me siento con la capacidad y madurez de poder contar lo que me dio vueltas por mucho tiempo en la cabeza, y recién este año pude enfrentar. Para poner un poquito de contexto, vamos a empezar con los días previos. Fin de semana, salida con amigos a esos bares donde tocan bandas indie locales de amigos que vas a alentar como si fueran los Rolling Stones, porque tocan tus canciones favoritas con alguna que otra mal pronunciación del idioma, pero los perdonas p...