Hace mucho scrolleando en Instagram, encontré un reel que hablaba sobre las amigas cactus. Esas personas que están ahí, que no necesitan constante atención ni cuidado, pero que están, que vos sabes que están ahí, siempre. Fieles y leales a todo. Bueno, hoy voy a hablar de mi cactus.
Comenzaba la pandemia, y se nos venía una situación económica complicada, no nos olvidemos que soy docente de idioma freelancer y además en ese momento todavía no trabaja ni en escuela ni en academias; por lo que tenía que buscarle la vuelta. En una de esas vueltas de tuerca, me convocan a trabajar a un programa de asistencia educativa a estudiantes que se vieron desvinculados de la escuela durante la pandemia (acá ya hablamos de Octubre 2020 donde todo estaba un poquitito más relajado). Ingreso a trabajar, eran dos horas por día, ayudando y acompañando a estudiantes a terminar trabajos prácticos que habían sido enviados por las escuelas y que por falta de conectividad y recursos no habían podido entregar (de ahí la famosa "promoción acompañada"). En uno de esos días, yo siendo "la de inglés" (también ayudando en otras áreas como historia, geografía, lengua, biología, multicátedra), me cruzo mirada con "la de matemática", que por supuesto era la que más estudiantes tenía.
Conforme termina el 2020, nos vuelven a convocar para el 2021, bajo un proyecto similar, pero más amplio y complejo. Y, oh casualidad, me vuelvo a cruzar con la de matemática (las únicas dos que quedamos del programa original Octubre 2020). Ahora ya eramos parte de un programa provincial que dependía de nación, y teníamos directivas, roles, y tareas que cumplir en ciertos tiempos. No sólo encontré a "la de matemática", sino que encontré a una persona que se sentaba en la mesa contigua a la mia en la cocina del DIAT, y nos pasábamos el mate mientras acompañabamos a pibes y pibas a terminar trabajos, entregar tareas, entender diversos temas y trabajos. Durante todo el 2021, 2022 y 2023, tuve el placer de compartir incontables anécdotas con la que se convirtió en mi mano derecha, cuando a fines de 2021 me convocan para la coordinación departamental del programa (un gran paso en mi carrera profesional como docente), ella siendo la única que siempre quise mantener en el equipo. Porque siempre me mantiene con los pies en la tierra.
Me acompañó no sólo en lo laboral, sino también en lo personal, ante tantas pérdidas y tragedias que he tenido que padecer, ella siempre estuvo al pie del cañón. Y yo no estaba acostumbrada a tener amigas que estén conmigo para escucharme por el simple hecho de que yo estaba mal y necesitaba un hombro, por el contrario, yo siempre era el hombro. Me acostumbré a tener esos 8 minutos (que siempre terminaron siendo dos horas) donde a veces hablábamos, y a veces nos hacíamos compañía mientras ella estudiaba y yo trabajaba.
Ella. Mi cactus. Hoy está grave. Muy. Y necesito procesar esta información que parece todo inventado por mi mente. Cuando en realidad está pasando. Y no puedo procesarlo, no tengo la energía ni la fuerza para procesarlo. Porque he tenido pérdidas grandes en mi vida, estoy muy acostumbrada a esta altura, pero ésta no me la ví venir. Esto me está destruyendo la psiquis. Me está arrastrando a lugares oscuros, de los cuáles siempre Dani me sacó. Y ahí fue el momento en el que me cayó la ficha. Hoy quise descargarme, de todo lo mal que la vengo pasando, y marqué su número. Ahí me dí cuenta que no me va a atender porque está en un estado de salud demasiado delicado y no tengo a mi cactus que me baje a tierra.
No soy de rezar, ni pedir milagros, porque pocas veces se me han concedido, pero si alguien está leyendo esto, pídanlo. Porque MI cactus lo necesita. No existe en este planeta una mejor persona que Daniela.
Mi Cactus.
Comentarios
Publicar un comentario