Ir al contenido principal

Esta parte no me gusta.

No sé si se aplicará a todas las personas que padecen ansiedad lo que voy a contar, pero por lo menos a mí, me pasa. Y mucho.

Como mujer, todos los meses (más o menos) ingreso en la fase lútea (post ovulación, el cuerpo se prepara para un embarazo o para el desprendimiento del endometrio - menstruación). Con todo lo hormonal que eso conlleva, con el peso de mis trabajos, la pasión que le pongo, la dedicación constante a todo lo que hago laboralmente, sumándole a todo eso, el trastorno de ansiedad y los ataques de pánico casi diarios, llega un punto que me gusta llamarlo "Esta parte no me gusta", y es lo que voy a describir a continuación.

Es un momento en el mes, donde emocionalmente estoy hiper cambiante; hormonalmente una bomba atómica, y es donde el cortisol toma control de mi mente y entro en un estado de enojo, impaciencia, tristeza o alegría extrema, adrenalina y mucha inspiración repentina. Puedo estar llorando desconsoladamente, y a los cinco minutos, estar tranquila, sentada frente a la computadora preparando algún curso nuevo, ya con material, con logos, con plataforma, y a la media hora estar con el teléfono por dos horas mirando a la nada, o videos de animales procrastinando lo más que pueda. Y en todo ese período, mis emociones suben, bajan, crecen, se sobresaltan, se caen. Es un período de tiempo en el que soy consciente de todo lo que me pasa, y de lo que siento, pero por momentos no puedo controlar mis reacciones, mis expresiones, y lo que me pasa a nivel físico. Por ende, es una tortura que a medida que voy creciendo, voy tratando de entender, para poder aprender a manejarla.


Para quienes estén cerca mío, es un momento en el que no entienden qué carajo me pasa, y evidentemente, por más que se los explique, no logran entender que no soy yo quien controla mi cuerpo y mente, sino que son las hormonas de la fase lútea y el trastorno de ansiedad. Esto no quiere decir que no haya alguna posible solución, claro que la hay, y estoy en el proceso constante de encontrarla. Meditación, mediCación (también), rutinas, hábitos, diario emocional, control de mi período para entender como carajo funciono. Y sin embargo, todavía no he encontrado una sola persona que me diga "Tranqui, es un rato, no pasa nada"; por el contrario, parece ofender a muchas personas cuando les cuento lo que me pasa. Porque si hay algo que este cuerpito no tiene es reparo en contar lo que me pasa. La vergüenza al qué dirán la dejé en el útero de mi vieja.

Muchas personas creen que la ansiedad es querer que algo pase YA, o estar nervioso por el futuro, y no. Eso no es trastorno de ansiedad. A mí me "diagnosticaron" hace ya tres años. Hace un año que tomo medicación para la misma. Pero pasé dos años sin tomar medicación, sin entender que me pasaba, literalmente agonizando. Hasta que logré dar con el punto. Si bien la medicación no es la cura, es la que me ayuda por el momento a llevar mi vida adelante, sin sufrir ataques de pánico en el aula, o mientras manejo, o al estar por acostarme. Pasé por todo, desde migrañas que me dejaban casi al borde de la inconciencia tirada en la cama, hasta vomitar sangre un martes a la mañana antes de ir a dar clases. Y nunca paré. Nunca escuché a mi cuerpo. Nunca me permití estar quieta y tranquila por el tiempo que mi cuerpo lo necesite, para poder recuperarse.

Una psicóloga me dijo hace un tiempo que mi trastorno de ansiedad se podía explicar y entender mejor si lo dibujamos como "un auto fiat 147, con el motor de un ferrari f40, por un tiempo va a ser un auto rapidísimo, super llamativo, con energía, con fuerza, con potencia, pero con el paso del tiempo, la estructura que sostiene el motor del f40, al no estar preparado para SEMEJANTE montón de fuerza y potencia, se empieza a aflojar, y necesita que se lo mantenga, que se lo cuide y MUCHO."

Y así fue como entendí lo que me pasaba. Mi mente es mucho más veloz que mi cuerpo, funciona en otro nivel, a otros ritmos, y mi cuerpo llega un punto en que no lo tolera. ¿Me duele sentir eso? ¿Me pone triste tener ansiedad? No, para nada. Si bien en un comienzo, sentí que se me venía el mundo abajo, cuando me dijeron "tenés esto", respiré y pude descansar. Porque al fin eso que me pasaba sin que yo entienda nada, tenía nombre, y al tener nombre, podía empezar a estudiar, a entender, y a buscarle la vuelta.

Así es como hoy, después de tres años, tomo mi medicación (cuando la necesito, no diariamente), y puedo trabajar, estudiar, ser mujer, amiga, hija, y sobretodo, feliz. Porque pude, puedo y voy a poder.



- escribo esto mientras estoy en la misma etapa que describo, y la estoy pasando como el culo, pero escuchando música y bailando -

Comentarios

Entradas populares de este blog

Un astronauta perdido en el espacio

Vale aclarar de antemano que el título de este escrito está netamente basado en mi canción favorita de todos los tiempos; la que me representa, la que siempre representó como me sentí ante esta vida: como un astronauta perdido en el espacio, sin nadie que me escuche, que me preste un poco de atención (tampoco ser el centro de mesa en la vida de nadie), pero siempre sentí que el mundo se había olvidado de mí. Hasta hoy. Volví a terapia. Por razones que todavía no siento sean necesarias de contar. Creo que con lo contado últimamente alcanza y sobra para que entiendan un poco (aunque faltan sucesos y contextos por aclarar). Me sentí normal otra vez. Me sentí bien. Me sentí tranquila. Volví a poder sacarme una mochila que no es mía, que no me pertenece cargar. Volví a tener mi espacio seguro donde desahogarme, donde decir lo que siento y lo que pienso sin miedo a ser juzgada o tratada como loca. Realmente siento que necesitaba un par de sesiones con mi psico. Capítulo aparte para este homb...

Las pesadillas no siempre están en los sueños.

Durante muchos años consideré que las malas experiencias que había tenido con hombres, se correspondían con que no eran las personas correctas para mí, o quizás las personalidades no eran compatibles. También he llegado a creer que no era lo suficientemente madura como para adentrarme en ciertas situaciones, al no saber manejar las consecuencias de las mismas, o bien, no saber como reaccionar ante algunos conflictos que desafiaban mi estabilidad. Por eso es que hoy, 17 de noviembre de 2024, ocho años y medio después aproximadamente, me siento con la capacidad y madurez de poder contar lo que me dio vueltas por mucho tiempo en la cabeza, y recién este año pude enfrentar. Para poner un poquito de contexto, vamos a empezar con los días previos. Fin de semana, salida con amigos a esos bares donde tocan bandas indie locales de amigos que vas a alentar como si fueran los Rolling Stones, porque tocan tus canciones favoritas con alguna que otra mal pronunciación del idioma, pero los perdonas p...

Octubre de... ¿terror?

 Todo parecía fantástico, pero el 4 de octubre mi vida pegaba un giro totalmente inesperado, jugado y que iba a desarmar todos los esquemas. Un test de embarazo positivo a la noche, un domingo. Todos sabemos lo que eso significa. Y desde el primer momento, entre las miradas con mi novio, el pucho que recién apagaba, el mate que se enfriaba, y las lágrimas que caían, supe que no era el momento. Las caras de ambos indicaban sorpresa, shock, y no sentí ningún entusiasmo. Por supuesto que ante cualquier situación y panorama, dejé de fumar, dejé la medicación para la ansiedad depresiva, y estuve una semana sin dormir, trabajando a menos de medio motor, llorando por las noches, vomitando a diario, no tolerando ni un vaso de agua. Obviamente que lo psicológico también jugó una buena parte en todo esto. Hasta que decidí acercarme al hospital porque no podía enderezarme del dolor en el bajo vientre. Mi sexto sentido me decía que algo iba mal. Porque no puede ser que apenas me entero de esta...