No siempre me inspiro para escribir. A veces suele ser de día que me viene alguna idea a la mente sobre algo que podría dejar plasmado en un texto, pero sólo queda ahí. En una idea. Otras, en las noches, mientras miro tele o alguna serie, y me siento identificada con alguna escena o personaje en especial, siento que necesito contar lo que me está pasando en ese momento. Pero después se me pasa. Y cuando realmente abro blogger, para escribir pasan dos cosas:
1- Dejo abierta la edición de la publicación vacía sin ningún tipo de contenido
2- Me inspiro de tal manera que tengo que releer 14 veces lo que escribí porque seguramente entre toda la vorágine de la vomitada de palabras, algún error ortográfico se me escapó. Porque sí, a todos se nos escapan errores ortográficos.
Pero hoy, es un día diferente. Es un día lluvioso, tercer semana de trabajo, tercer día de la semana. Uno de los días más largos de mi semana laboral, pero un día bueno al fin y al cabo. Dediqué toda una hora a la preparación de un juego que duró unos 40 minutos en el aula con mis gurises más grandes. Para mucha gente, será una pérdida de tiempo, para otros, quizás sea una re idea. Pero para mí? Fue un logro haber podido mantener el foco en una actividad y objetivo por más de 15 minutos. Y es que últimamente siento que en mi cabeza manejo tanta información que de a ratos un cosquilleo se hace presente como si fuera una señal de stop, o de bajar un cambio.
Eso necesité hoy. Bajar un cambio. Relajarme, entender que no todo es laburo, no todo es atender a los demás, no todo es siempre estar al 100%. Tengo que tener mis bajas, tanto como tengo las altas. Vivo siempre al 100%, y no me permito bajar ni un poquito. Porque si bajo un poquitito, ya me atraso, ya siento que todo mal, que voy a entrar en crisis porque no llego con las clases, no llego con el material, correcciones, con los horarios.
No me dan más los horarios para tener más laburo, y aún así, todos los días entro en el blog de la departamental de escuelas para ver si sale algún concurso de Inglés. Quizás me presente, quizás no. Quizás tome más horas, quizás no. Pero siento que si no lo hago, no estoy haciendo lo mejor de mí.
Porque estoy acostumbrada a convivir todo el tiempo con personas que me recalcan que ser docente no es un trabajo arduo ni complejo (esto es un tema extenso que voy a dedicarle otra publicación, seguramente), que tengo que tener tiempo para atender "el hogar", que no soy la mujer que "debería" ser, y muchísimas otras cosas más. Pero nadie, absolutamente nadie, se ha sentado a preguntarme qué me gusta, qué me hace bien, qué tengo ganas de hacer, qué pienso cuando estoy en silencio, que tengo ganas de comer, nada. Porque es real que a nadie le importa. Porque los acostumbré a que Maqui siempre resuelve, siempre se maneja y se las arregla sola. Y no, no es así. Maqui no se las está pudiendo arreglar sola, Maqui está cansada.
Maqui se siente sola.
Y qué potente es esa frase. Qué mensaje tan duro y profundo. Me siento sola. Estoy todo el día, todos los días rodeada de gente, y me siento sola, me siento agobiada, nerviosa, mal. Y en el momento en el que estoy sola en mi casa, encerrada, mirando tele, con mi gato, o fumandome un pucho, es el mejor momento de mi vida, porque estoy tranquila, porque nada ni nadie me puede lastimar.
Realmente, creo que debería ponerle un freno a todas esas situaciones que hacen que me aisle mentalmente, que me generan estrés, ansiedad, que me ponen de mal humor, y que sobretodo, me hacen sentir menos. Pero ¿a qué costo?
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